La complejidad de muchos problemas ambientales que preocupan a la sociedad requiere una construcción multidisciplinaria e intersectorial de sus soluciones. Es oportuno, para empezar, comentar que la FVSA encaró –incluyó en el mencionado libro- una nueva “Encuesta Ambiental Argentina”.
Este estudio reveló que un 15% de los argentinos tiene una visión positiva sobre la situación ambiental en el país, mientras que el 30% tiene una visión negativa. Por otro lado, el 21% considera que esta situación mejoró en los últimos cinco años, mientras que el 45% considera que empeoró. Pero para evitar evaluaciones basadas sólo en las percepciones, están los datos, la información “dura”, que permite construir una opinión más fundamentada.
Según los indicadores de desarrollo sostenible elaborados por el Estado Nacional, las grandes tendencias ambientales del país siguen siendo preocupantes. En materia de bosques, estamos decididamente peor: la disminución de bosques nativos es sostenida. La erosión de los suelos sigue avanzando, tanto en términos hídricos como eólicos. La merluza, una especie clave de nuestro mar, sigue en estado de sobre-explotación. Las emisiones argentinas de gases que influyen en el cambio climático siguen siendo muy pequeñas en relación a las de otros países, pero la quema de bosques no nos ayuda a mejorar la ecuación.
El problema de los residuos sólidos urbanos e industriales aumenta. El acceso al agua potable mejoró: en diez años, pasamos de 21 millones de habitantes con agua potable a más de 28 millones (de 66% al 78% de cobertura a nivel nacional).
La mejora en la disponibilidad de desagües cloacales es insuficiente: pasó de cubrir el 34% de la población nacional en 1991 al 42% en el 2001. Nuestras áreas protegidas cubren el 6% del país, y debemos llegar al 15%.Pero no pensemos siempre en lo malo. Sobre elmapa de la realidad no sólo hubo impactos negativos.
También hubo acciones de conservación, aunque con esfuerzo desigual. De las 18 ecorregiones que tiene el país, hay algunas que tienen más del 20% de su superficie protegida, como es el caso del Iberá, la Puna y los Bosques Patagónicos. Otras presentan alrededor del 10% protegido, como los Altos Andes, el Monte de Sierras y Bolsones, y la Selva Paranaense. Pero de las restantes hay menos de un 5% protegido. Se estima que un 6,8 % del país se encuentra protegido con algún grado de implementación (es decir, con presupuesto, respaldo legal, guardaparques, infraestructura, planes de manejo, proyectos de investigación, conservación, recreación y educación). Sabemos, igual, que esa cifra debe ser revisada. Sobre todo si consideramos que el 44 %de toda la superficie declarada bajo protección por el Sistema Nacional de Áreas Protegidas (SINAP) no posee ningún control en el terreno, el 37 % tiene un control insuficiente y sólo el 19 % tiene un control mínimo aceptable. Problemas a escala… ¡ecorregional!. Es difícil resumir el panorama ambiental, pero haremos un repaso de algunos de los principales problemas ambientales que afronta el país:
Deforestación. En la actualidad persisten unas 33 millones de ha de bosques y selvas, pero están siendo transformados a una tasa aproximada de 250.000 ha anuales, principalmente en el Chaco Seco (70% del total), Chaco Húmedo y Selva Pedemontana de las Yungas. En la Selva Paranaense sólo quedan unas 40.000 ha de bosques realmente prístinos, mientras que más del 89% presenta niveles medianos a elevados de degradación y fragmentación. Algunos sistemas forestales como la “Selva Pedemontana” de las Yungas o los “bosques de tres quebrachos” del Chaco seco, están en una situación verdaderamente comprometida, por el intenso avance de frontera agropecuaria (principalmente, para cultivar soja). El proceso de conversión de ecosistemas naturales en tierras de cultivo es estimulado por una multitud de variables socioeconómicas, políticas,tecnológicas y hasta climáticas. Ante esta situación, le corresponde al Estado planificar el desarrollo de estos procesos, para asegurar la provisión de bienes y servicios ambientales a las generaciones actuales y futuras.Degradación del suelo. Es un proceso extendido. En el Chaco seco, el Monte, la Estepa patagónica y la Puna, el sobrepastoreo es generalizado y muy intenso, y está generalmente asociado a incendios intencionales. En la ecorregión del Monte casi 10 millones de hectáreasfueron afectadas por incendios en la última década, y en el Chaco húmedo se queman entre 2 y 4 millones de hectáreas cada año. Estos procesos de degradación avanzan inexorablemente hacia la desertificación a escala ecorregional, como ocurre actualmente en la Estepa patagónica. Para enfrentar estos problemas se requiere desarrollar e incentivar la adopción de modelos productivos sustentables y adaptados a las realidades culturales y tecnológicas de estas regiones. el riesgo de contaminación de aguas superficiales. También genera un impacto inducido como es la explotación forestal que utiliza la importante red caminera que genera y mantiene esta actividad.
Interrupción de cursos de agua. La interrupción no modificación del régimen hidrológico es el principal impacto directo de la construcción de represas hidroeléctricas las cuales pueden reducir el rendimiento pesquero y modificar la composición de la ictiofauna. La Argentina puede ser considerada un país “pobre” en represas, comparado con países de larga trayectoria en su utilización. Sin embargo, los principales ríos -como el Paraná y el Uruguay- presentan represas de considerable superficie, aunque la mayoría de ellas se han instalado en ambientes áridos como las ecorregiones del Monte y del Espinal. También se ha indicado su potencial impacto sobre el régimen hidrológico de humedales vecinos, como es el caso de la Represa de Yacyretá y los Esterosdel Iberá.
Comercio de fauna. La Argentina ha sido un intenso exportador de fauna en décadas pasadas. Actualmente, el comercio de fauna ha disminuido notablemente, debido a la reducción de la demanda, las normativas locales e internacionales más restrictivas y la mayor eficiencia de los controles. Sin embargo, la fauna bien manejada puede ser una herramienta para llevar adelante acciones de conservación, tanto de especies en particular como de sus respectivos ambientes, generando opciones económicas para las comunidades locales. En ese sentido se están ejecutando proyectos de uso sustentable de especies silvestres como carpinchos, loros habladores, yacarés y vicuñas, entre otros.
Sobreexplotación de recursos pesqueros. Los efectivos de merluza, por ejemplo, común se vieron seriamente comprometidos y los del calamar y el langostino han experimentado fuertes oscilaciones en sus stocks. La adopción de una política pesquera oportunista, dio lugar a reiterados ciclos “auge y ruina”, con severas secuelas económicas y sociales. Un panorama similar se observa en los grandes ríos de la cuenca del Plata, donde especies como el sábalo son extraídos a una tasa anual de entre 60 y 80 mil toneladas sin planes de manejo. La gestión sustentable de los recursos pesqueros requiere de una planificación a largo plazo basada en los ecosistemas, con una sólida base.
Expansión urbana. Es otra actividad que reclama cada vez más territorio. En la Pampa ondulada las urbanizaciones ocupan casi el 18% de los suelos más fértiles del país, lo que a su vez presiona sobre la expansión agropecuaria en otras áreas. La tendencia histórica a concentrar flujos de recursos, población y servicios desde el interior del país hacia los puertos ha derivado en la conformación, en un futuro no lejano, de un conglomerado urbano prácticamente continuo desde La Plata y Buenos Aires hasta Rosario. A las consideraciones que caben sobre el efecto extractivo de materia y energía de esta megaciudad en formación sobre otras regiones proveedoras, se agregan los múltiples efectos locales de semejante concentración de desechos de todo tipo (sólidos, líquidos y gaseosos) sobre su población.
Contaminación. Casi un 40% de los argentinos encuestados por la FVSA consideró que es el principal problema ambiental del país. Si bienen general se trata de problemas de origen urbano- industrial, también existen casos puntuales vinculados con emprendimientos mineros en ecorregiones como la Estepa patagónica, Puna, Altos Andes y las Yungas, con un severo impacto sobre las fuentes de agua potable para las poblaciones cercanas. Por otro lado, el conflicto suscitado con la República Oriental del Uruguay por las papeleras pone en evidencia la dimensión transnacional de estos impactos y, en consecuencia, la necesidad de coordinar nuevos y mejores mecanismos de planificación conjunta entre naciones vecinas, con el fin de prevenir tales problemas.
Explotación minera. En general, es una actividad de fuerte impacto ambiental, pero de una amplitud geográfica muy limitada. Las principales ecorregiones donde esta actividad es importante son la Estepa Patagónica (explotación hidrocarburífera), las Yungas (explotación gasífera), y la Puna con los Altos Andes (explotación de minerales). En los ambientes desérticos como la Puna y los Altos Andes la actividad minera genera un impacto importante en la utilización del agua, compitiendo severamente con las comunidades locales y la fauna que dependen de ella. En las Yungas las actividades de explotación de hidrocarburos están concentradas en el área de Tartagal y explotaciones menores en Caimancito en el interior del Parque Nacional Calilegua. Los impactos se traducen en la apertura de caminos, la construcción de loca- científica, más respetada, y que incluya mecanismos de acuerdo de los sectores involucrados relevantes en el tema.
Conservación de la biodiversidad. La Argentina cuenta con unas 360 áreas protegidas de diferentes categorías que cubren aproximadamente el 6,8% del territorio nacional. El objetivo estatal de proteger al menos el 15% del país debe ser implementado con urgencia. Hay ecorregiones con valores muy inferiores al promedio nacional de 6,8%, como los Campos y Malezales, el Espinal, la Pampa y el Chaco húmedo. Por otro lado, el 44% de las reservas declaradas no posee control de terreno alguno y sólo el 19% del 6,8% general tiene un nivel de protección mínimo aceptable. En otras palabras, para alcanzar el objetivo del 15%, hoy debemos contar tan sólo con el 1,3% de superficie realmente protegida. Parte de una estrategia que debe insertarse en el marco de un ordenamiento territorial a escala ecorregional debe incluir el establecimiento efectivo de corredores ecológicos (que incluyan nuevas áreas protegidas federales y provinciales), la mejora de las áreas protegidas actuales con poco o nulo control y zonas de amortiguación con áreas protegidas en tierras privadas. El uso sustentable de la biodiversidad es una alternativa que puede generar valor agregado en algunas áreas protegidas estatales y en las privadas, generando incentivos para su conservación y oportunidades de desarrollo para las poblaciones locales.
Turismo. La Argentina se ha transformado en un destino privilegiado para el turismo convencional y de aventura, particularmente vinculado con los espacios silvestres. La primera razón por la que nos visita el turismo extranjero son nuestros parques nacionales. En los patagónicos, por ejemplo, se recibieron más de 5 millones de visitantes en los últimos 8 años, mientras que en la Antártida (con ecosistemas de muy lenta recuperación ante los disturbios) el número de visitantes aumentó en más del 2500 % en los últimos 20 años. Por ello, la adopción de criterios de responsabilidad para la operación de esta actividad es esencial para la sustentabilidad de los ecosistemas como del negocio turístico.
Calentamiento global y cambio climático. Debido a su aumento en la Argentina, según los expertos, se incrementó la frecuencia e intensidad de eventos climáticos extremos como inundaciones, sequías, tormentas intensas y capacidad que tiene una sociedad para utilizar los recursos que dispone para construir su propio desarrollo. Esa capacidad depende básicamente del desarrollo de estas áreas y de la calidad de sus instituciones. Invertir en educación y ciencia es clave para alcanzar el desarrollo nacional. Esta necesidad es confirmada en nuestra encuesta nacional, en la que un 42% de los argentinos considera que la educación es la principal herramienta para mejorar la calidad ambiental.
Como hemos visto sintéticamente la situación ambiental del país es preocupante. Y, ante la pérdida de credibilidad de los ciudadanos en numerosas instituciones, las organizaciones de bien público y del Estado tienen la responsabilidad de promover nuevos mecanismos para recuperar y mejorar la confianza en la institucionalidad y el estado de derecho, a través de una mayor participación y el impulso del diálogo constructivo. Pero esto no significa que el Estado deba abandonar su función. Por el contrario, en tiempos difíciles es cuando más fuerza debe cumplirla. Las ONGs también tienen un importante papel que cumplir. Según los encuestados, la expectativa se concentra en la educación y la difusión de información. De hecho, la FVSA siempre está predispuesta a acompañar al Estado en la búsqueda de soluciones inteligentes para nuestros problemas ambientales.
En gran medida, su nueva publicación apunta a brindar una herramienta útil a la que considera su audiencia prioritaria: las personas con capacidad de tomar decisiones (políticos, jueces, legisladores, empresarios, dirigentes en general), los formadores y generadores de información (educadores, científicos, periodistas) y los consumidores. En “La situación ambiental argentina 2005” hallarán muchas recomendaciones para mejorar nuestra realidad. Ahora, en tiempos donde todos están atentos al mundial de fútbol, podríamos decir, que “la pelota” la tienen ellos.
otro lado, el retroceso de los glaciares de la cordillera de los Andes implica la disminución del caudal de los ríos que alimentan a las ciudades y valles de riego en regiones como Cuyo. Los riesgos del cambio global del clima requieren el fortalecimiento del sistema de observaciones meteorológicas tanto para monitoreo y prevención, como para la planificación y localización de actividades productivas y obras de infraestructura.
Comercio global. La inserción de la Argentina en los escenarios de comercio global determinó un salto cuali-cuantitativo de la producción agropecuaria, con importantes efectos ambientales. La incorporación de nuevas tecnologías, entre otras cosas, generó la adopción generalizada de la siembra directa y la rotación y, junto con ellas, una visión sobre la sustentabilidad agropecuaria orientada principalmente a la conservación del suelo. Si bien esto constituye un avance importante, es necesario incorporar al análisis otros aspectos de la sustentabilidad, como los antes citados. El nacimiento de espacios de diálogo multisectoriales sobre el tema aparece como una nueva herramienta para lograrlo. Una tendencia del comercio internacional es que los consumidores en todo el mundo demandan cada vez más información sobre el origen, la calidad y el impacto ambiental de los productos que consumen. Esto ha promovido la adopción de sistemas voluntarios de certificación con normas de calidad y control acordadas por distintos sectores. Los bosques argentinos manejados con la certificación FSC, por ejemplo, hoy superan las 130.000 ha, con ocho empresas certificadas. Esta tendencia genera oportunidades concretas para el desarrollo sustentable en nuestro país.

No hay comentarios:
Publicar un comentario